
Héctor Nuno González
Novela
ISBN 978-980-8184-00-6
Desde Ifigenia, la novela venezolana ha encontrado en nuestra mujer, la denuncia y la tragedia personal, un espacio señero de nuestro drama nacional; un círculo perfecto que se alimenta, refleja y vuelve sobre sí mismo con energías renovadas en cada ronda. Así, el novelista opera como el azar legendario de las rocolas que, una y otra vez, narraban las mismas historias en un orden misterioso y cambiante dictado por el favor de los números, adaptándose dolorosamente a cada parroquiano que buscaba un consuelo en sus selecciones.
En Yenifer, de Héctor González, la mujer y la denuncia funcionan de manera sinonímica y simbiótica. Es una crítica que se nutre de la inconformidad de lo frágil y aspira a una transformación latente. Aquí, lo femenino no es solo el centro del discurso, sino el territorio donde se libra la batalla contra la indiferencia y la atrocidad. Héctor asiste y participa de este antiguo y acerado ritual con la maestría del que ya domina el cómo, pero conservando la lucidez de no pretender adivinar el por qué.
A las formas dóciles y maleables de la novela testimonial, el autor añade un dejo esperanzador que es elemento intrínseco de nuestra llaneridad: La convicción de que, por más oscuro que se aguaite el camino, siempre hay algo más allá por lo que vale la pena luchar y permanecer aferrado. Es la sabiduría del hombre de tierra plana que sabe que no hay invierno, por recio que se presente, que no traiga finalmente su mayo florido.
Por ello, la novela y sus golpes de vida continuos funcionan con la dualidad implacable en el látigo de aquel verso de Vallejo, que se transmuta desde una palmada en el hombro, logrando delicadamente que la tristeza de lo vivido se empoce, como un charco de culpa, en la mirada del lector.
En este punto, Héctor se aparta de una solución de continuidad convencional que lo acercaría a la novela negra o al banal reporte de sucesos. Como poeta, prefiere ejecutar el desarrollo caótico y a la vez previsible de los sueños dirigidos, donde la fatalidad es solo un andamio en el que se teje una vida, para que al final autor y lector terminen convertidos, inesperadamente, en modeladores de redención. Una justa, y necesaria redención.
Eduardo Mariño Rodríguez
